Mi vida parisina llena de glamour y carente de excesos desgraciadamente no se paga por si sola. Como una gran parte de los estudiantes de París, tengo un trabajo a medio a tiempo que no me toma muchas horas, que no paga tan bien y que me permite pagar algunos gastos.
En mi caso, trabajo un par de días por semana en un "bar de jugos". El concepto puede parecer extraño en un principio pero uno simplemente tiene que imaginarse un Starbucks, sólo que en lugar de cafés, chocolates y derivados subidos de precio, nosotros hacemos smoothies y jugos (o zumos, como dirían mis españolísimas compañeras del ESIT).
Hace ya más de un año que trabajo allí y, bueno... he visto varios cambios. Mucha gente como el manager, que me caía bien se ha ido. Creo que se debe principalmente al invierno que, en lugar de persuadir a los clientes a venir a tomar un smoothie bajo el cielo gris de París, hacía que aburriéramos a muerte los días que trabajábamos allí con un máximo de 20 clientes por día.
En fin, en una de aquellas tardes llenas de lluvia, características del cambio de estación en Francia, me encontraba solo en la tienda sin nada que hacer. Así que me puse a chismosear lo que había en el refrigerador a ver lo que me podía robar y así, disminuir mis gastos en las compras semanales. ¡Ahorro es progreso!
Repentinamente hice un sorprendente descubrimiento: unas enormes cosas color anaranjado y un tanto deformes llamaron mi atención. Ignorando las preguntas de un despistado cliente, saqué una del refrigerador (no sé por qué siempre los de mi trabajo guardan TODO en el refrigerador) y la examiné cuidadosamente.
–¿Un camote? No puede ser un camote –Me dije.
Después de tantos años, encontré un camote en esta europea ciudad.
Al final de mi turno y aprovechando que tenía que cerrar ese día, esquivé la visión de las cámaras de seguridad y deslicé con mucha gracia un camote en mi mochila. Al llegar al departamento, Google una receta y la hice.
A la hora de la típica cena, serví mi camote robado con mucho orgullo y, para mi gran placer, el artista lo probó y le gustó.
Ahora tengo los restos cocidos del gigantesco tubérculo en el refrigerador. Me imagino que en esta semana lo terminaré. Espero que la próxima vez que vaya a la tienda hayan hecho el pedido de camotes para llenar mi peruano y glamoroso refrigerador.
1 comments:
Un camote en Paris! Chevere!
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