Wednesday, October 14, 2009

El email perdido

El último día de diciembre del 2008, había pasado demasiadas horas frente a la computadora escribiendo, traduciendo y corrigiendo lo traducido. Finalmente me decidí salir e ir a la casa de un amigo para festejar la llegada del 2009 que, en realidad, era una excusa más para beber vino barato.
Sabía que necesitaba dejar de pedir definiciones de palabras desconocidas del libro erótico que estaba traduciendo a mis contactos de Facebook y salir a respirar un poco de aire.

Después de una prolongada reflexión sobre el asunto y de las insistentes llamadas de mi amigo, me quité el pijama, me lavé y me vestí. A eso de las 23h30 estaba en la estación de metro perfumadito y talqueadito. Listo para a noche.

Sólo es un par de horas– me dije dándome ánimos.

Después de salir del metro, caminé un par de minutos disfrutando del frío aire parisino y llegué al departamento de mi amigo. Puse el código y subí al tercer piso.
Entré a su departamento y todo estaba tranquilo, casi deprimente. Deezer era lo único que llenaba la noche con canciones muy inadecuadas para una fiesta de año nuevo. ¡¿Dónde carajos están Madonna, Britney y Lady Gaga?!

Cuando comenté nuestro escaso número, una chica de reducida estatura me dijo que eramos suficientes si nos queríamos emborrachar. No había suficiente alcohol para todos. Le sonreí educadamente y me serví de una botella que ya estaba abierta.

Unos minutos pasada la media noche, recibí la acostmbrada llamada de mis papás para desearme un felíz año nuevo. No escuchaban bien así que les dije que les deseaba un felíz año también y que la pasen bien.

Cerca a las cinco de la mañana, cogí el metro de regreso a casa. Cuando entré al departamento lo primero que hice fue conectarme a internet por inercia. El vino tinto barato me hizo escribir un email a una persona a la que no le había escrito hace mucho tiempo. Antes de irme de Perú, siempre hubo una tensión sexual cuando estabamos juntos pero nunca llegamos nada.

Horas después y sin saber cómo, me desperté en la cama, sin ropa y con un delicioso dolor de cabeza. ¿Llegué a enviar el email o todo fue una alucinación?
Fui a mi computadora y no vi rastro alguno del email. Hasta ahora no me ha respondido así que me imagino que email nunca existió.
Creo que el alcohol me hizo imaginar cosas y finalmente no llegué a enviarlo. No sé si lo recibió pero si lo hizo, y si sigue mi humilde blog, me imagino que me contactará ahora que voy a Perú.

Así fue como pasé año nuevo 2008/2009, con una traducción en la cabeza y con mucho alcohol en la sangre.
Y yo que pensaba salir sólo un par de horas para tomar un poco de aire.

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