Aquel 30 de diciembre Susanita se levantó como todas las mañanas y, después de ocuparse de la rutina diaria que incluía a sus hijos y marido, comenzó a prepararse para el brunch meticulósamente organisado por el cumpleaños de Pochita, su suegra.
Advertencia: Esta entrada fue inspirada de uno de mis controversiales status de FaceBook que fue arbitrariamente censurado por mi principal figura materna. Cualquier parecido con situaciones o personajes reales no es producto de la coincidencia, sino de la inspiración.
Advertencia: Esta entrada fue inspirada de uno de mis controversiales status de FaceBook que fue arbitrariamente censurado por mi principal figura materna. Cualquier parecido con situaciones o personajes reales no es producto de la coincidencia, sino de la inspiración.
Esta joven ama de casa no era como las otras. Ella no vivía sus días entre telenovelas colombianas, lavadera de platos y la búsqueda costante por el orden y de la limpieza. Llegó a dominar estas esenciales para una armonía doméstica, realizandolas en periodos de tiempo record, lo que le dejaba tiempo para consacrarse a su principal ocupación diaria. Susanita investía su tiempo en libros, blogs de cultura general y sitios web de las principales cadenas de noticias internacionales.
Proveniente de una familia de escasa cultura y ánimos de superación, desde muy joven Susanita se preocupó por mejorar su comportamiento y corregir su conducta. Consultó las más prestigiosas revistas de moda para reproducir los atuendos indemodables de las elegantísimas damas de las distintas capitales del mundo. Aprendió a cocinar los platos más creativos y exóticos de los mejores chefs del planeta que causaban el asombro, la admiración y la envidia de sus nuevas amistades.
Sin embargo, el comportamiento de Susanita tenía un oculto fin que nació en los primeros días de su adolescencia. Uno de sus días banales, dejó de ver televisón con sus 4 hermanos trogloditas y se dirigió a la ventana como siguiendo el llamado de su destino. Percibió la escena como uno percibe una revelación que cambia por completo nuestra forma de ver el mundo. Pochita, en ese entonces veinte años más joven pero con la misma elegancia, supervisaba el ingreso de sus pertenencias a la casa más grande de la cuadra. La nueva adquisición de la familia. Susanita contempló la escena hasta que todos los cartones entraron en la casa seguidos por la refinada señora y su familia.
En ese instante, comenzó a elaborar su plan. Se introduciría en aquella familia y formaría parte de ella cueste lo que cueste.
Después de una prolongada y por momentos frustrante auto educación, Susanita logró introducirse en el nido familiar y conocer a sus victimas y posibles aliados en su plan de superación social. La primera se sus víctimas fue Victor, el primogénito de la familia. Un personaje con un oculto complejo de inferioridad y por mucho tiempo considerado como el mesías familiar y heredero de los principales bienes.
Se encargó de su victima fácilmente. Una vez que se ganó la confianza de los padres de Victor años más tarde, Susanita se limitó a servir de influencia en la decisión de la anulacipon de la herencia del primogénito de la familia, tras haber dejado a su esposa y a su hija por una instructora del gimnasio. El cuerpo firme y juvenil de la chica palidecía ante la abundante y evidente población capilar creciente en su sabio superior, lo que causó un escándalo en la familia que Susanita se ocupó de avivar. La nueva familia de nuestra anti heroína no podía soportar la vulgaridad de la situación.
Su siguiente víctima fue Marie, la inteligente hija mejor. Influyó en la decisión de los padres en enviarla a estudiar al extrangero. No por generosa o por alma cariatativa sino para evitar que la mocosa se interponga en sus planes de integración de aquel matriarcado. Susanita sabía muy bien que Marie, a pesar de su escasa edad, sería una dura rival en la vida. Tenerla lejos le permitía controlar más la situación.
Para completar su plan malévolo, hizo un pacto con Genaro, el hijo homosexual de la familia. El matrimonio y la inserción social a cambio de su discreción. Genaro aceptó el trato intimidado por las habladurías de la sociedad y la tentación de poder vivir su vida libremente con la aprobación de su esposa. En aquel matrimonio todos ganaron. Susanita permitía las escapadas de su marido con sus jóvenes y esporádicos amantes y a cambio tenía un acceso ilimitado a la cultura y a otros medios para su autodesarrollo.
Lograron tener dos hijos, gemelos, no gracias a un milagro divino sino a una técnica scientífica muy avanzada (y muy cara) a la que Susanita se sometió durante uno de sus viajes a Europa en compañía de su esposo.
Lograron tener dos hijos, gemelos, no gracias a un milagro divino sino a una técnica scientífica muy avanzada (y muy cara) a la que Susanita se sometió durante uno de sus viajes a Europa en compañía de su esposo.
Sin embargo, Pochita, la suegra de Susanita, no era extrangera al plan de su nuera. Ella estaba al tanto de la homosexualidad de su hijo, de la debilidad de su hijo mayor por las féminas de físico ingrato y de los ánimos de ver el mundo de su hija menor.
Desde la primera vez que vio a Susanita, Pochita admiró su caracter sonriente y sus bromas en las reuniones familiares. La forma en que Susanita educaba a sus hijos le parecía más que correcta. Además, Pochita vivía con una extraña mezcla de admiración y de envidia por la cultura y el buen gusto de su hija putativa.
Al fin Pochita había encontrado en la chica auto superada una digna sucesora al matriarcado familiar. Susanita era la hija que Pochita nunca tuvo y la mujer que Marie nunca será.
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