Hace poco me volví a encontrar con un grupito de gente de mi antiguo colegio. En la reunión me puse al día de los paraderos de mis ex compañeros de aula. Entre una salida del closet, un corto periodo en la carcel por micro comercialización de droga y uno que otro embarazo no deseado formaban parte del abanico de chismes que me entretenía aquella noche. Entre uno que otro comentario y vasos de whisky de mala calidad, se mencionaron a las Chicas Super Poderosas. No queridos lectores/chismosos, no se trata de la serie de Cartoon Network. Las Chicas Super Poderosas, en ese contexto, es un grupo de ex compañeras de colegio.
Ellas no lo sabían, pero ese apodo (puesto por el salón) no las calificaba como las clásicas bombón, burbuja y bellota sino como la piraña, la soñadora y la juerguera.
La piraña siempre estaba sucia o con alguna mancha de tierra en el uniforme, nunca la volví a ver luego de la ceremonia de graduación para aclarar mis dudas sobre su higiene personal.
La soñadora, por alguna razón desconocida, siempre tenía pintado un corazón rojito en la mano y llenaba sus cuadernos con recortes de revistas de los Pop Stars del momento. Una vez, un chico de la clase encontró "accidentalmente" una lista con los nombres de sus hijos no-natos entre las páginas de su agenda de Garfield.
Los escándalos durante primaria y las constantes fiestas en secundaria se las debíamos a la juerguera. Siempre estaba haciendo escándalo, protestando por el consumo de carne en el colegio -gracias a ella eliminaron las hamburguesas en el colegio-, o con resaca los lunes.
Como ustedes ya deben saber, en este tipo de reuniones donde nos enteramos el paradero de gente que no vemos hace tiempo, nos sorprende un poco lo que hacen ahora. Yo no fui la excepción al la regla al ponerme al día de sus vidas.
La piraña terminó siendo ama de casa, con tres hijos y un marido que hace las funciones de cuarto hijo. Vivía pendiente de su casa y de las reuniones sociales de la empresa de su esposo donde siempre acudía muy elegante.
La soñadora terminó con un cargo alto en un banco de Lima y amargada por su escaces de vida sexual. Según lo que me contaron, eso explicaba su reputación de "amargada" en varios pisos de la compañía.
La juerguera terminó abriendo un bar, con 8 cirugías plásticas encima, con un matrimonio de corta duración y con una obra caritativa entre manos.
Como ven, la gente cambia, aunque pasen los años.
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