Saturday, July 3, 2010

Me apesta Lima

Recientemente, una de las asistentes a un típico brunch familiar dominical me puso en una situación bastante incomoda.


-¿A ti te apesta Lima, verdad? -me preguntó la chica mostrando su ya conocida falta de tacto.

-¿Por qué lo dices? -respondí antes de beber un poco de vino tratando de guardar la calma.

-Pucha... es que... eso está en tu blog pues. -se limitó a responder torpemente.

-Si tú crees que me apesta Lima por lo que leíste en mi blog, realmente no has leído bien y tienes que volverle a dar una leída. -le sonreí educadamente y me levanté de la mesa con la excusa de necesitar ensalada para mi quiche loraine.


Aunque parezca mentira, al leer este espacio en línea (es decir, mi blog) uno puede tener la idea de que su autor es engreído, inmaduro, petulante, déspota, egoísta y rencoroso. Esa concepción no es del todo falsa pero no me considero como una persona que "le apeste Lima". La capital perucha no es la única ciudad donde he vivido por un largo periodo de tiempo y ciertamente no es mi preferida pero es la ciudad donde nací, crecí y la cual extrañé cuando estuve fuera. La cosa es un poco más complicada que eso.


Recordé la conversación del brunch familiar justo antes de subirme por primera vez al Metropolitano, un mejorado servicio de transporte público que recorre la vía expresa y otras partes de mi querida Lima gris.

Eran pasadas las 6 de la tarde de un nublado sábado y pensaba que los buses iban a estar vacíos al esperar en aquella plataforma. Mentira. Estaban repletos. ¿Se deberá a que momentáneamente el viajecito es gratis?

Hice la cola que muchos pasajeros no hicieron, y abordé uno de los buses. Al estar, por fin, en un bus limpio, sin alguien que te cante los paraderos o que te cobre el pasaje me recordó, un tout petit peu, a los buses de París.

Traté de revivir mis recuerdos retomando mis viejas habituase parisinas. Me puse los audífonos, clavé la mirada en una de las ventanas y disfruté del viaje. Hubiera casado un libro pero el hecho de estar de pie y el movimiento del bus no hubieses ayudado del todo a la compresión de la historia de vampiros que trato de terminar antes de que se estrene la película.


Al llegar a mi parada, esperé en vano que mis recuerdos parisinos siguieran. Al tener que bajar y al ver que las personas no se movían para dejarme salir tuve que mostrar mis deseos del exterior con leves pero firmes empujones. Confieso que me invadieron ganas de decir "¡Bajo!" a la gente como una manera de explicarles -en un idioma que era más comprensible para ellos- que REALMENTE quería bajar. Me limité, como la persona civilizada que a veces pretendo ser, a decir "Permiso, por favor. ¡Permiso, por favor! Move it, Bitch!"


Con ese paseo gratuito puede comprobar, durante la caminata final a mi casa, que el problema no es Lima, es su gente. Lo único que nos queda es educar con el ejemplo sin rajar (mucho) ni hacernos mala sangre por las puras.


Finalmente y para contestar a una de mis seguidoras/críticas, Lima no me apesta.


Ok, maybe un tout petit peu.


Como mis fieles lectores/chismosos se habrán podido dar cuenta, he hecho un par de modificaciones a mi blog. He querido hacerlo un poco menos infantil pero sin dejarlo completamente vacío. Después de todo, una persona es una combinación de muchas personalidades, gustos y vivencias.

4 comments:

Melissa Vizcarra said...

Me encantó tu post! (Y no sabes cuantas veces yo también he pensado "move it bitch" tratando de salir de un micro).

Daniel said...

¡Me alegro que te haya gustado! ^^ Y sí, creo que a todos nos ha pasado esa situación de "¡Muévete o te empujo!"

Nano Pipette said...

No sólo el "move it, bitch". En verdad, ha habido viajes en los que me he sentido sólo un bulto viajando en una combi... y los cobradores son tan violentos. Además está el presentimiento de que se puede morir en un accidente de tránsito en cualquier momento.

Ginno said...

Lima es paja!... pero cuando tienes oportunidad de ver otros lugares, la verdad es que te llaga a hostigar un toque. Por más que se le quiera.