La hermana de Susanita obtuvo su apodo después de una acalorada y muy alcoholizada sesión de "Ritmo a gogo" sobre países de la Unión Europea (Rit-mo, a go-go, diga usted, nombres de... ¡países de la Unión Europea!).
Sí, es cierto. Durante la chupeta, la susodicha no dijo el nombre de un país de la gran European Union sino el nombre de un territorio perteneciente al gobierno de Dinamarca –que, según me informa mi verificador de datos, en ese momento NO ESTABA dentro de la Unión Europea–.
Después de ese día, las juntas pseudo-intelectuales de Susanita comenzaron a llamarla "Groenlandia" en honor a aquel cómico recuerdo. Las malvadas niñas hasta llegaban a llamarla por su apodo personalmente y, al obtener una expresión de desconcierto por parte de la escasa mental, el chongo crecía.
¿Qué se le iba a hacer? La chica era corcha.
La cosa empeoró cuando recientemente declaró, en una reunión familiar, que ella soñaba con vestirse bonito y ponerse zapatitos de taquito (así, chiquitos) para ir a trabajar y no ganarse el pan con algún trabajo que demandase esfuerzo físico.
Su familia respondió con una gran carcajada y ante el ridículo que la hizo pasar, su madre se limitó a sonreír y a tocarle la cabeza en forzada señal de amor y comprensión. La respuesta de Groenlandia fue una cara de desconcierto y una agitación de pestañas que aumentaron el volumen de la chacota familiar.

La maquiavélica Susanita sólo se limitaba a saborear la inocente ignorancia de su hermana menor. Ella tenía otros planes en la cabeza como para estar haciendo leña del árbol caído. Susanita quería una tajada de la sociedad Limeña, una casa con hijitos y un marido al cual atender cuando regrese del trabajo.
Una vez, la huequita respondió ofuscada la burla directa de uno de sus chuscos parientes.
–Seré bruta –respondió a voz en cuello la deficiente mental– pero regia, querido. ¡RE-GI-A!
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