Saturday, January 8, 2011

Enriqueta

Enriqueta se cogió las perlas por temor a que se las roben y cruzó la calle. Al ver los micros -"omnibuses" en el lenguaje de la dama- sintió lo que siempre sentía cuando los observaba de lejos desde el carro del señor Enrique, su padre, quien la llevaba y traía del colegio todos los días para evitar las "juntas inapropiadas".

Sus hijos le acababan de depositar la cantidad acostumbrada de todos los meses y, en un intento de estirar el dinero lo más posible y al no encontrarse muy lejos de su destino, decidió hacer lo que mucha gente hace: "Chinear"
Chinear era algo que la doña conocía en teoría por la boca de sus nietos pero que nunca había experimentado. Jamás había abordado a un sudoroso -pero abrigado- cobrador para tratar de acordar un precio a un destino no muy lejano.

Una china, en un lenguaje peruano-limeño de todos los días, quiere decir cincuenta centavos de nuevo sol (S/. 0,50) y es la mitad del precio del costo de un pasaje promedio en el transporte público de la gran Lima. Ignoro el origen de la palabra pero sé que la evolución del lenguaje coloquial es veloz y, así, sin problemas se creó el verbo: Chinear. (conjugación no disponible en línea).

Muy pocas veces se había subido a un bus pero recordaba los pasos a seguir para llegar su destino. Con una mano la señora colocó su monedero muy cerca al centro de su pecho y levantó la otra para hacer parar el "omnibus". Subió al micro y se sentó en el asiento preferencial para las personas de su edad después de que una jovencita le cediese el asiento a regañadientes. Sintió que todos se le quedaban mirando al estar muy arreglada para dicho medio de transporte.

–¿Joven?–se atrevió a pronunciar después de abrir su monedero y sacar la moneda de S/.0,50.–Ehm... cincuent... china hasta el banco nomás.–dijo entregándole la moneda al cobrador quien, después de examinarla de pies a cabeza, sonrió.
–'ta bien, seño–dijo el hombre.

Enriqueta se cogió fuerte del asiento frente suyo y sonrió levemente como una niña haciendo una travesura.
–A lo que he llegado –pensó Enriqueta.

0 comments: