Saturday, June 11, 2011

Susanita contra el Vecino Malo

Una soleada mañana de domingo cualquiera, Susanita recibió las flores con mucha ilusión en la puerta de su casa.
Después de firmar el cargo y justo antes de dar media vuelta para entrar a su casa con su ramo en las manos, sumergida en un estado de trance floral, pasó su Vecino Malo.
La inocente criatura, desbordando alegría al verlo pasar, le dice muy espontáneamente con los ojos llenos de ilusión: –¡Mira lo que me regaló mi novio!

El vecino despiadado tuerce la boca a manera de sonrisa. La observa con extrema ternura como cuando se ve a un perrito tratar de cruzar una transitada autopista.
–Qué bonito... espero que cuando tu chico termine contigo sigas igual de contenta.
Susanita lo mira sin entender nada.
–Susanita, ¿recuerdas cuando tu novio anterior terminó contigo? –El cruel personaje continuó.
La chica recordó aquella intensa relación que marcó su vida por siempre: las 2 semanas más bellas de su vida que fueron seguidas de tres meses de depresión total y varios kilos de más producto de chocolates y helado para llenar aquel vacío amoroso dejado por un chico cualquiera.
–Sí...–respondió una melancólica Susanita.
–Nada dura para siempre, pequeña.
Susanita miró el frondoso ramillete y los ojos se le llenaron de lágrimas.
–No me gustaría que salgas herida. Tú lo sabes. No deberías comprometerte sentimentalmente con alguien y menos tan rápido. ¿Cuánto tiempo vienen saliendo?
–Tres días –respondió la criatura con miedo.
–¿Ya ves?
–Pero... pero... yo lo quiero –trató de justificarse la niña.
–¿Lo quieres? ¿De verdad? Y dime, ¿por qué lo quieres?–interrogó el vecino maldito.
–Es muy lindo–dijo la infante como entrando en un trance muy al estilo de los cariñositos animados de la televisión.
–¿Y porqué te parece lindo?–preguntó para traerla de nuevo a la tierra.
–Porque me llama, me manda mensajitos, se preocupa por mi, me saca a pasear, me trata bien y me cuida.
El Vecino Malo cruzó lo brazos, dio un paso hacia atrás y se llevó una mano maquiavélica al mentón como tratando de reflexionar. Después de unos cuantos segundos de silencio, miró a la inocente criatura de pies a cabeza para en seguida dar su frío diagnóstico: Egoísmo.


–Pero... ¡yo de verdad lo quiero!–se pronunció Susanita convencida de que su argumento haría cambiar de opinión a tan sádico personaje.
–Lo quieres porque te llama, te manda mensajes, se preocupa por ti, te saca a pasea, te trata bien y te cuida, ¿cierto?
–Sí...
–En otras palabras, lo quieres porque hace cosas POR TI. Hace cosas que A TI te hacen sentir bien. Hace cosas que A TI te gustan. En ningún momento ves el bien para él.
–Pero si hace esas cosas, es porque quiere hacerlas. Es porque me quiere dar gusto. Yo no se lo he pedido.
–¿Cómo lo sabes? ¿Se lo has preguntado?
–No pero... sino quisiera, no las haría.
–¿Estás segura?
–...
–Y dime, ¿tú qué haces para verlo feliz?

Susanita dejó caer el ramo de flores, dio media vuelta y se fue corriendo a su casa. A los lejos se le podía escuchar sollozar como alguien que descubre algo que muchas veces nos parece horrible: la verdad.

Lo que normalmente llamamos "amor" es un sentimiento que muchas veces está basado en el egoísmo, los prejuicios, las costumbres, los traumas y nuestros intereses personales.

0 comments: