Mi propósito original al salir del colegio no fue ser traductor pero debo admitir que mi carrera -traducción, por si no se habían dado cuenta- tiene muchas ventajas. Por ejemplo, los traductores independientes podemos manejar nuestras horas laborales como nos plazca y no usamos uniforme para trabajar -generalmente traducimos en pijama-. Otra ventaja de la profesión es el hecho de nunca, o casi nunca, tener que someternos a evaluaciones psicológicas al momento de postular un puesto de trabajo. Entiendo perfectamente que un traductor, revisor/corrector o hasta un intérprete nos entreviste para un puesto en alguna agencia de traducción y que, como debe de ser, nos tome una prueba de traducción, nos pregunte sobre nuestra velocidad de traducción, nos pida referencias profesionales, pruebas de nuestro trabajo o hasta recomendaciones de nuestros clientes. Ahora, lo que me parece totalmente bizarro es que un evaluador-no-traductor nos haga la entrevista personal y nos interrogue sobre nuestras ambiciones a corto, mediano y largo plazo, nos pida que enumeremos nuestras cinco cualidades y cinco defectos, o hasta nos haga hacer el dibujito de una persona que luego analizará para ver si sufrimos de algún trauma subconsciente que nos impida dibujarle un paraguas, un techo o piso a nuestra deforme creación dibujística.
Sin embargo, precisamente eso fue lo que me pasó hace algunas semanas. Fui a una entrevista laboral para un puesto de traductor "in house" y la persona que me hizo la entrevista no era traductor, o almenos eso pude entender. Era un hombre de mi edad o menor -aunque yo aparentaba ser más joven que él, as usual-, serio, hasta tímido y obligado a usar el uniforme de su empresa. Tengo entendido que las personas que realizan esas entrevistas generalmente son psicólogos.
Se veía un poco incómo y, sin querer juzgarlo, puedo imaginar los contratiempos que pudo haber pasado mi pobre entrevistador al tratar de averiguar "cómo se evalúa a un traductor". Trate de hacer la entrevista relajada y animada ya que, según me pareció, él estaba menos a gusto que yo. Bromas más, bromas menos, al final el chico terminó confesandome que no tenía la oportunidad de entrevistar muchos traductores y se le hacía difícil dar un "el perfil ideal". Le confesé que eramos un grupo bastante peculiar y diverso. Mientras muchos gustemos del contacto con la gente, hay muchos traductores que viven felices entre sus cuatro paredes, con sus 15 gatos y un incomprendido odio por la humanidad.
La pregunta que me pareció más simpática terminó siendo el título de esta entrada. "¿Cómo te ves dentro de cinco años, Daniel?" Francamente no me la veía venir. Como buen geminiano, muchas cosas pasaron por mi cabeza -¿qué es lo que quiere escuchar? ¿cuál era ese consejo que dieron en 3G, el programa de televisión? ¿por qué tomé tanta agua? ¿cuánto estarán los pasajes para Cuzco? ¿y si digo que me quiero ir del país? - antes de dar una respuesta de corazón -no sé- y de explicar mi filosofía de vida: aprovecho todas las oportunidades que me da la vida. ¿?
Al parecer, mi entrevistador no disfrutó de la entrevista y creo que mi final de conversación estilo Chuchi Diaz (vivo la vida antes que la vida me viva) no encajaba con el perfil que ellos buscaban. Al final no me llamaron. Tiempo después -hace algunos días para ser exactos- me enteré que no fue por una cuestión de perfil sino de pretensiones salariales.
Al final, loco o no, lo que buscan las empresas en un traductor es que cobre barato. MUY BARATO.
0 comments:
Post a Comment